¿Es el PIB un buen indicador para medir una economía? (I)

¿Es el PIB un buen medidor de la riqueza y progreso de una sociedad? Esta es una pregunta que se han hecho muchos economistas desde su formulación inicial en los años 30 y que tras la crisis desatada en 2008 supone uno de los temas de discusión entre economistas, politólogos y el ciudadano reflexivo.

Este es el primero de una trilogía de artículos:

  1. ¿Es el PIB un buen indicador para medir una economía? (I)
  2. Alternativas al PIB como medida de bienestar (II)
  3. El PIB no indica el nivel de vida de un país (III)

Echando la vista atrás

Hasta mitad de los años 30 no existía ningún indicador que midiera la situación de la economía de un país, y por lo tanto era muy difícil tomar medidas concretas ante los problemas que se planteaban en las crisis. No se sabía cuánto producía una nación, cuanto consumía, cuanto ganaba. En el año 1934 el economista estadounidense Simon Kuznets, el inventor de la contabilidad nacional, creó un conjunto de indicadores entre los que se encontraba el PIB y desarrollados dentro del Bureau of Economic Analysis donde trabajaba.

La idea del Producto Interior Bruto se gestó tras la Gran Depresión y en la necesidad de una organización productiva en la antesala de la segunda guerra mundial. En 1937 presenta ante el congreso de los Estados Unidos, a petición de este, su formulación orginal “National Income, 1929-1935”. Su idea inicial era recoger toda la producción económica realizada por individuos, empresas y el gobierno en una única cifra. Luego en 1944 en la conferencia de Bretton Woods, que creó entre otras cosas el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, estableció el PIB como herramienta estándar para medir el tamaño de las economías nacionales.

Como decía, el cálculo de la producción nacional ayudó muchísimo a la planificación económica de la segunda guerra mundial, como también lo hizo la introducción del modelo económico imput-output de Wassily Leontief, que permitía analizar las interrelaciones sectoriales de la industria y que posteriormente se ha introducido en la contabilidad nacional de todos los países para sus cálculos. Esto permitió por primera vez poder estimar las necesidades de financiación, los gastos a nivel sectorial y la producción necesaria para acometer campañas bélicas y posteriormente industriales. En las décadas de los 50 y 60 hizo posible poder estimar las necesidades de capital para aumentar el crecimiento económico de las naciones y calcular los ingresos medios de las familias como medida de bienestar. Las altas tasas de inflación de los años 70 impulsaron a estimar los precios y la producción con mayor exactitud, dando mayor peso e importancia al trabajo iniciado por Kuznets, Leontief y la contabilidad nacional.

En su primera estimación se pretendía saber algo que ahora nos resulta básico pero que en aquel entonces no se sabía, medir el tamaño de la economía. Esto es el Producto Interior Bruto de un país y se calcula sumando todos los ingresos conseguidos, todo el dinero gastado o el valor monetario de todo lo producido.

Todo lo que imagines como progreso o riqueza, ya sea la compra de una casa, tus ahorros por ejemplo, es medido por una única medida, un única estadística, un único indicador. Comprime toda la economía de un país en toda su inmensidad en un único dato. Esta enorme densidad lo convierte en un dato sagrado; cuanto más crece mejor es un país, sus ciudadanos mejor lo están haciendo, mejor viven y viceversa.

En la actualidad es un sistema estandarizado de cálculo del valor total de lo que produce un país, siendo adoptado por todas las economías desarrolladas del mundo. De hecho hay un libro sobre esta metodología estándar.

El PIB es el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos por un país durante un año. Existen dos métodos de cálculo principalmente; el método del gasto y el del ingreso:

1. Metodo del  gasto:

PIB = Consumo de familias + Consumo del Estado + Inversión + (Exportaciones – Importaciones)

2. Metodo de la distribución del ingreso:

PIB = Rentas del trabajo + Rentas mobiliarias e inmobiliarias + Intereses financieros + Beneficios empresariales + Amortizaciones + (Impuestos indirectos – Subsidios)

El PIB per cápita se calcula simplemente dividiendo el PIB entre el número de habitantes de un país. Como veremos en la segunda parte sobre este tema, esto da lugar a errores de medición.

El uso del PIB como indicador del bienestar es y ha sido criticado desde su invención por el propio Kuznets. Una cosa era tener un indicador sencillo para medir la producción de un país y que diera orientaciones en el establecimiento de políticas económicas y otra muy distinta utilizarlo como indicador del bienestar y progreso de una nación. El problema, una vez más, comenzó cuando los  políticos empezaron a utilizar los datos de su crecimientos como resultado de sus decisiones en el gobierno y su uso electoralista. Como suele ser habitual, esto lo ha distorsionado todo, a pesar de las críticas vertidas desde la propia profesión.

Kuznets manifestó tras su primera aplicación que “es muy difícil deducir el bienestar de una nación a partir de su renta nacional (per cápita)” y años más tarde ante la sordera política declaró ante el congreso:

“Hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costes y sus beneficios y entre el plazo corto y el largo. […] Los objetivos de más crecimiento deberían especificar de qué y para qué«

En 1959 el economista Moses Abramovitz cuestionó por primera vez desde fuera que el PIB fuera un medidor preciso del estado de bienestar de las sociedades. Se preguntaba si los cambios a largo plazo en las tasas de crecimiento del estado de bienestar se debían a cambios en la tasas del PIB.

Grupos internacionales como la Organization for Economic Cooperation and Development (web), economistas e incluso líderes políticos europeos manifiestan su malestar con el uso exclusivo del PIB como medida del éxito/fracaso. Su propio autor lo advirtió desde inicio. No es una medida precisa para medir la prosperidad de una sociedad y ya no se ajusta a los objetivos políticos de los líderes porque la realidad ha cambiado. Por ejemplo la comisión europea ha lanzado una iniciativa titulada Beyond GDP: Measuring progress, true wealth, and the well-being of nations (Más allá del PIB: Midiendo el progreso, la verdadera riqueza y el estado de bienestar de las naciones). ¿Se han vuelto responsables estos políticos europeos? No, lo que sucede es que el PIB tal como está concebido castiga mucho las posiciones europeas y no mide muchos de los elementos del estado de bienestar y logros sociales que no existen en otras partes del planeta… y que afectan a sus medidas políticas e inciden en sus estrategias electorales.

State of Usa, una organización independiente y sin ánimo de lucro, ha desarrollado nuevos indicadores (unos 300) sobre la educación, medioambiente, salud, sistema sanitario, crimen, energía, infraestructuras, vivienda, etc, para intentar tener una medida más ajustada de la prosperidad y crecimiento de la economía de su país. Estos indicadores están accesibles vía online, gratuitos y actualizados regularmente.

¿Nivel de renta = nivel de vida?

“Si quieres saber por qué importa el PIB simplemente ponte a ti mismo en los años 30, donde no se tenía ni idea de lo que estaba pasando en nuestra economía”, estas palabras son del prestigioso economista norteamericano William Nordhaus, que ha invertido varias décadas en Yale en estudiar cómo se puede medir la economía. En otras palabras, en aquella época unos decían que las cosas iban bien y otros que iban mal, pero no había medidas comprensibles que ayudaran a saberlo.

Para bien y para mal, los índices PIB han permitido en las crisis posteriores a su invención tomar decisiones por parte de las autoridades para  contrarrestarlas y emitir paquetes de estímulos que han evitado quiebras y parálisis financieras. El PIB es lo que es y nada más, una descripción de la producción total de un país que ayuda a establecer políticas económicas.

El problema es que se ha tomado como la medida del bienestar de los ciudadanos de cada economía, utilizada por líderes políticos, agencias de calificación y los mercados financieros. Pero el PIB no es una buena medida para medir el bienestar del ciudadano. Desde su creación ha sido criticado por muchos economistas y han establecido narrativas para explicarlo, la más conocida es la siguiente,

» imaginemos una hombre con renta alta y otro con renta baja,

» la persona con renta alta trabaja duro, conduce su coche hasta el trabajo, cada mañana se traga mucho tráfico y stress, cambia de coche cada pocos años, toma pastillas para la tensión. Trabaja mucho, gasta mucho. Le encanta ir de restaurantes, su televisión enorme, su enorme casa protegida con un sistema de seguridad. El y su mujer pagan a una chica que cuidad de sus hijos, como no tienen tiempo también pagan a otra chica para que haga las tareas del hogar a tiempo completo. No tienen tiempo para cocinar, tampoco para tener muchas vacaciones.

» Cocinar, limpiar, cuidar el coche, un mes de vacaciones, cuidar de sus hijos, son actividades que mantienen ocupados al hombre de renta baja y su mujer. El hombre de renta baja no se preocupa de dejar la ropa en la lavandería, cocina los alimentos que compra cada día, si quiere hacer ejercicio no se apunta a un gimnasio, sale a correr por el barrio, cuando quiere un libro no lo compra, va a una librería y hojea y cuando va al trabajo camina y toma un autobús, no se estresa con el coche y el aparcamiento.

Según el PIB y las medidas estándares no cabe duda de que el hombre de salario alto vive mejor, gana más, gasta más y su actividad económica es más robusta. Sin embargo no sabemos si esto es así, si su mujer vive mejor, si el consumo de algunos de sus bienes son malos, por ejemplo la alarma de su casa es un indicador de su seguridad personal, su stress y sus gastos médicos es un indicador de su salud, la polución, los atascos de tráfico para ir a trabajar hablan de su contribución a la contaminación de su medioambiente. No sabemos si el hombre de renta alta vive más allá de sus medios y por lo tanto no se puede predecir el futuro de su calidad de vida. Lo único que podemos intuir es que vive en un tiempo prestado (borrowed time) como un banco sobreapalancado.

Índice de Desarrollo Humano (IDH) como alternativa al PIB

Como decía al inicio, Kuznets criticó el PIB porque estaba preocupado de que no fuera la mejor medida del bienestar de los ciudadanos. De hecho pensaba que era errónea. En su alocución por el premio nobel de economía en 1971 dijo “parece claro que un número de problemas analíticos y de medición permanecen en la teoría y en la evaluación del crecimiento económico”.

Como dice Jon Gertner en este estupendo extenso artículo del New York Times, desde entonces la mayoría de los críticos con el PIB han caído en dos campos distintos,

  • Un primer grupo que aboga por un arreglo/mejora del PIB. Se centran en incluir actividades que no contempla, como el trabajo de casa, el cuidado de los niños, la comida casera, etc, en consonancia con el ejemplo que hemos visto y que trata de valorar elementos o servicios “intangibles” e invisibles para el PIB actual, y también aquellos que son malos (no solo buenos y que suman) como por ejemplo las catástrofes naturales y sus costes de reconstrucción. No puede haber un hombre de renta alta y otro de renta baja para medir, debe haber un solo hombre y un indicador que mida esas diferentes características.
  • Un segundo grupo que quiere una refundación del mismo, desde su concepción contable a la filosófica. Van más allá, quieren reformular el índice desde su concepción. Como la realidad se ha vuelto mucho más compleja se necesitan no uno, sino varios indicadores que midan toda esa complejidad. Cuántos y cómo medirlos es la dificultad y el debate entre los propios expertos. En este grupo hay un indicador que está cambiando la hegemonía del pensamiento crecimiento-progreso del PIB; el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

El Índice de Desarrollo Humano es un ranking que incorpora el PIB y otros dos factores:

  1. la educación de los ciudadanos, basado en la alfabetización de la población adulta y en los datos de escolarización,
  2. la salud de los ciudadanos, basado en las estadísticas de esperanza de vida.

Los tres factores son ponderados con el mismo peso.

Este índice fue creado por el premio nobel de economía Amartya Sen, procedente de India y el economista paquistaní Mahbub ul Haq. Cuando ambos estudiaban en Cambridge en la primera mitad de los años 50, tuvieron una conversación reveladora. Los profesores les enseñaban que si una nación podía incrementar su PIB, entonces todo iría bien, pero ellos que venían de países extremadamente pobres sabían que eso no era así de ningún modo. Una década más tarde se vieron en Pakistán, y retomaron la vieja conversación, Haq le dijo a Sen, “si India y Pakistán creciese tan rápido como pudiéramos imaginar, cuando tú y yo tengamos 50 años el PIB per cápita de los dos países solo se acerca al de Egipto, ¿eso es todo lo que queremos?” Al poco tiempo Haq comenzó a pensar en medidas sobre esto, sobre todo la salud y la educación, carentes en ambos países; medidas que pudieran mejorar la vida de los ciudadanos de países como el suyo. Sin duda considerar estos elementos podría mejorar mucho el bienestar de las personas de esas economías, mucho más que solo tener en cuenta la producción nacional. Esto no significaba un argumento en contra del PIB, sino un argumento en contra de la confianza exclusiva en el PIB. Años después, cuando comenzaron e elaborar el IDH lo que querían era “conseguir un índice tan vulgar como el PIB pero más relevante para nuestras vidas”. Vulgar porque un índice no puede captar la gran complejidad que presentan las diferentes realidades en cada ciudadano.

El Índice de Desarrollo Humano vio la luz en 1990, convirtiéndose en un índice enormemente útil para medir y empujar el progreso de los países más pobres del mundo. 

En la segunda parte hablaré sobre la Stiglitz Commision, otros indicadores sociales complementarios que se han desarrollado y se comienzan a implementar.

7 Comentarios

  1. Favor indicarnos fecha de la publicacion de ¿Es el PIB un buen indicador del bienestar y progreso de un país? (I), para ser citado en una tesis de maestria.

  2. Pues muchos economistas pueden analizar muchas cosas, pero para nuestro País es una realidad lo que nos indica el PIB de los años 1950 a 1982 que el pib se mantuvo en 6.2% nuestro pueblo vivía cada vez mejor, había trabajo, seguridad, mejor educación etc. de 1982 a la fecha el PIB esta en promedio de 2.5% y yo veo un pueblo de limoneros, crímenes, secuestros y robos como nunca, una corrupción gigantesca y pienso mucho en lo que de continuar esta tendencia el futuro de las próximas generaciones esta en peligro. En conclusión el PIB es un indice excelente para ver como los habitantes pierden su paz y tranquilidad, y cmbiar un sistema económico que nos volvió pobres.

  3. Excelente tema para estos tiempos de pandemia y reseciones economicas por el Covid 19.
    Saludos!!

    27 Mayo 2020

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