La importancia de lo intangible en los procesos de valoración

Uno de los frentes donde se experimenta la importancia creciente del conocimiento dinámico, la actividad psicológica y la innovación es en los procesos de valoración (financiera). Lo intangible tiene cada vez más peso en las empresas, esto produce una dificultad para la persona que quiere estimar el valor de la empresa o la actividad en cuestión, puesto que introduce nueva incertidumbre.

La incertidumbre añadida tiene, al menos, dos orígenes:

1. La propia naturaleza de lo intangible. Lo tangible se valora por su «valor razonable» o «fair value», que básicamente tiene dos vertientes, el precio de transacción si se ha adquirido (coste de adquisición) o por su coste de producción si se ha generado internamente. Así lo estipulan todos los estándares contables y de normativa financiera y son las dos vias que existen. Las unidades de medida son «tangibles», físicas, se han dado, han sucedido. Sin embargo, en lo intangible esto no suele ser así, o al menos no sucede siempre.

¿Cómo valoramos una idea que está resolviendo un problema?, ¿cómo cuantificamos ese problema?, ¿cómo medimos su potencial?, ¿cómo incide en la reducción de costes?, cómo reduce la propia incertidumbre de la compañía?

2. La flecha del tiempo. El segundo tipo de incertidumbre viene del hecho de que lo intangible, de suyo, hace referencia a lo potencial, al futuro, más que a lo sucedido, al pasado o el presente. Esta es una incertidumbre de «escenario» que no suele suceder en lo tangible.

Cada vez más las compañías tienen un inmovilizado intangible con mayor peso en sus activos, más capital intelectual, más marca, más desarrollo tecnológico no físico. Solo hay que echar un vistazo a las principales compañías por capitalización del mundo, en 2001 había una compañia tecnológica entre las cinco primeras (Microsoft), en 2006 igual, en 2011 igual. En 2016 las cinco primeras empresas más grandes por capitalización eran todas tecnológicas, pero tecnológicas de lo intangible: redes sociales, bases de datos, programas informáticos, almacenaje de información.  En 2018 seguimos con pleno.

El trabajo de valoración de activos (financieros) es una profesión que está en evolución, está evolucionando y eso es bueno porque quiere decir que algo se está creando y algo ahí afuera está cambiando de verdad. Las medidas de creación de valor y valoración tradicionales, incluso las más sofisticadas, pueden mostrarse erróneas para medir el valor y los riesgos de las compañías que están en la cabeza de lo que está sucediendo hoy en la economía global, regional o local. Esto es lo que estoy viendo en mis trabajos de valoración; la mayoría de la inversión se destina a activos intangibles que pueden ser estacionales, que no tienen un rendimiento lineal, pueden estar años perdiendo dinero y de repente un año tener unos beneficios descomunales; son las tecnologías  exponenciales frente a las incrementales de estos últimos años, lo lineal más físico, y es el conocimiento híbrido y de visión sistémica que tiene un correlato en el lenguaje financiero que en ocasiones es muy sutíl o no aparente.

Una parte del valor de la empresa (y/o activo) es creado por «lo intangible» y una parte de este es generado por la psicología, el polo atractor de los modelos complejos. Esta concepción la tenemos mas o menos asumida en los mercados financieros, a nivel de masa, de grupos de negociación, pero no así en la empresa, la actividad, el activo individual.

¿Qué analizar entonces a nivel individual en un negocio local? La base son las ideas que genera la empresa.

Una idea es algo volátil, una idea que se aplica ya no lo es tanto, una idea que se aplica y es tenida en cuenta por un grupo de usuarios en el mercado lo es menos. Sucede que en las tres situaciones, lo psicológico va tomando cada vez más fuerza, de lo personal a lo colectivo, con sus propias fuerzas centrifugas y sus mareas de fondo, hasta que algún día sucede lo imprevisto, el orden espontáneo, el caos. Todo esto hay que valorarlo, genera riesgos y oportunidades. Es parte de lo intangible en ese proceso de creación.

Esta es una de las maravillas del trabajo de valoración, que es una mezcla de conocimiento técnico (asemejable a lo científico), sensibilidad psicológica, apertura contextual, comprensión por analogía, todo ello bajo el proceso de adquisición por práctica al más puro estilo artesano.

Ideas

Me sucede a menudo al valorar IPOs (Initial Public Offering), empresas que salen a cotizar por primera vez, en el área de nuevos modelos de negocios; tecnológicas, biotech, o modelos tradicionales que han adoptado nuevas vías de implementación, como por ejemplo el sector educativo o el de las finanzas como los préstamos y la gestión patrimonial. Pero no hace falta irse tan lejos. lo interesante es que hoy en día tenemos un problema similar a la hora de valorar correctamente cualquier pequeña empresa; cada vez se externalizan más funciones internas, pero la facturación y actividad general sigue siendo la misma o mejor, eso tiene un valor. Vemos aquí que lo intangible también viene por la organización de la propia empresa. Se puede pensar: «bueno has convertido un activo en un gasto y has reducido estructura». Esto es cierto, pero solo en cierto sentido, no en la totalidad. A veces es mejor externalizar y otras no, y el criterio último en muchas ocasiones no es el coste, puede ser más interesante tener un coste mayor pero integrado en la propia empresa o negocio, porque genera más valor… y si no se ve a primera vista es porque parte de ese valor procede de lo intangible, de los activos intangibles que forman parte del proceso.

Todo esto se vuelve todavía más interesante si lo extendemos a los negocios unipersonales; empresas de un socio que emplea a dos o tres colaboradores, o directamente a freelancers (trabajadores autónomos). En Estados Unidos el 40% de la fuerza laboral son freelancers, en Asia el porcentaje es el mismo, en Europa es un poco menor pero nos acercaremos en breve porque la evolución va hacia allí.

¿Cómo valoramos un negocio unipersonal? Un freelance es una empresa, solo que la estructura es mínima. Parece una cuestión exótica, pero cuando el 40% de los trabajadores son autónomos, lo exótico se ha convertido en dominante.

Los procesos mercantiles más mecánicos se han ido automatizado, muchos servicios se han «comoditizado», así que las personas y los negocios hemos tenido que pensar dónde ofrecer una solución. Lo tangible se ha ido volviendo intangible y viceversa. En lo intangible es donde podemos ofrecer «valor añadido», es el lugar de «no mecanización». Piscología, creatividad, conocimiento contextual, decisiones espontáneas, mezcla de lenguajes e intuición.

Y lo intangible produce muchas más ramificaciones posibles, mucha más incertidumbre, muchos más posibles y muchas más ilusiones. Todo ello en el gran océano de los mercados organizados de capitales y la psique colectiva de lo esperado, decidido y creído.

La marca es el valor añadido que le da a una empresa ciertos atributos que le conceden sus clientes. El capital intelectual es marca más otras cosas; el conocimiento de sus trabajadores, sus habilidades adquiridas, su «know-how».

¿Cómo valoramos el capital intelectual de una pequeña empresa?, ¿de una startup?, ¿de una idea que acaba de empezar a funcionar?

¿Cómo valoramos todo eso en un entorno digital?

¿Como valoramos eso en el entorno digital para un negocio unipersonal?

¿Cómo leemos la información financiera de las cuentas anuales y demás estados financieros de empresas más grandes?

Las gafas hay que ir graduándolas porque la información debe ser sensibilizada y compuesta de manera artesanal, basada en la práctica.

Y las posibilidades y su dificultad se multiplican cuando hablamos de activos financieros y mercados de capitales que, de suyo, ya son intangibles, como los tokens y los mercados de capitales digitales en los que se mueven (exchanges). Este último es un escenario que está comenzando a moverse, complejo, donde todavía no ha metodologías testadas, pero partiendo de la metodología tradicional se pueden hacer aproximaciones con sentido.

La idea fundamental que surge aquí es que lo intangible cada vez tiene más peso en las organizaciones, en los negocios y en los mercados. No importa lo grandes o pequeños que sean. Hemos automatizado las partes más tangibles de nuestros procesos de producción y consumo y cada día se ha hecho más evidente que el conocimiento y las ideas son importantes y valen; pero esto conlleva una mayor incertidumbre y complejidad, unida con el pegamento de la psicología colectiva. Es parte de la complejidad de el nuevo paradigma financiero que estamos experimentando.

Es fascinante, nunca una indeterminación dio tantas posibilidades al conocimiento y la imaginación personal. Pocos mercados y realidades son tan meritocráticos como este, porque al final hay un resultado que dicta si te has equivocado o no. y es por todos conocido.

El pequeño profesional, o el profesional independiente tiene una gran ventaja sobre la gran institución financiera; tiene tiempo para reflexionar, para arriesgarse. Los tiempos en una gran institución no dejan lugar a ello.

Lo intangible, su valoración y ponderación y todas las realidades que puede producir son un campo que debería estar en el punto de mira de los exploradores financieros, de los profesionales de vanguardia.

Metodología

La metodología de valoración se encuentra en una etapa inicial, incluso un poco arcaica, para determinados negocios, actividades y activos, que requieren de un análisis que, si bien nace de la contabilidad, requiere lecturas complementarias, adyacentes y requiere integrar ciertas sensibilidades.

Aunque los principios son los mismos, la profesión está en evolución. Partimos de la contabilidad, porque en la contabilidad están registrados los hechos y las ideas que se van a convertir en hechos, lo que facilita cierta dosis de certidumbre y realidad. Sobre esa base incluir, estimar, trabajar datos e información que podemos considerar por analogía. Pero la base es lo que se ha hecho, lo que se ha transformado y cuáles son las previsiones en base a ello.

Como decía, el trabajo de valoración es un campo que está en evolución, que está expandiéndose, y esto es debido en gran parte a la creciente importancia de lo intangible, que en el fondo no es otra cosa que el conocimiento y el conjunto de habilidades y experiencia que tienen las personas que integran las organizaciones, ya sean empresas cotizadas, pequeñas y medianas empresas o negocios unipersonales.

Solo en valoración de marcas existen cuarenta metodologías diferentes, contrastadas y desarrolladas por consultoras independientes.

La capacidad de las personas que forman un negocio, su imaginación, su habilidad para encontrar una solución nueva y sobre todo la capacidad de generar ideas para anticipar incertidumbre, forman parte del activo intangible de cualquier empresa. Con un matiz, los bienes materiales son, en general, fácilmente intercambiables, pero las capacidades y el conocimiento son escasos y portados por personas, que no se mueven como una mercancía o el dinero. Los activos estratégicos más importantes son estos.

Mas allá de esto tenemos todos los desarrollos de software, desde una pequeña y sencilla base de datos hasta complejos sistemas de logística y algoritmos que solucionan problemas complejos que requieren gran capacidad.

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